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jueves, 9 de febrero de 2012

almendra y las ceremonias del verano REVISTA CRISIS 1987


Con frecuencia ocurre (nos ocurre) que ante un determinado hecho, actuamos internamente de manera muy contradictoria. Y esto ocurre, generalmente, cuando la realidad choca de frente con nuestra necesidad íntima de que ésta sea diferente. Y también por lo general, esta contradicción se basa en el hecho de que mientras el corazón se aferra impulsiva y denodadamente a sus viejos afectos, la cabeza rechaza (al mismo tiempo) lo que considera incorrecto, improcedente, injusto.
Este sentimiento deberá para quedarnos en paz con nosotros mismos, tener alguna resolución.
Pero eso necesita de tiempo, más que de ideas lúcidas.
Esta consideración previa viene a colación de que con este singular concierto nos ha sucedido exactamente eso. Y debemos transmitirlo de alguna forma, para quedar en paz con nosotros mismos.

ALMENDRA
La eterna contradicción entre el corazón y la cabeza

CON EL CORAZÓN

El primer compromiso que uno asume es, definitivamente, con el corazón. Con el sentimiento. Con la energía del alma porque cuanto más nos acostumbramos a delimitar cerebrando, más profundamente a veces nos llegan los flechazos emocionales Como una especie de necesidad imperiosa de encontrar el equilibrio, de sentarse a solas con el espíritu y aprender de una vez por todas que cara tiene al levantarse por las mañanas. Por eso la voz ronca de tanto gritar, las manos ardiendo de tanto aplaudir, la sonrisa prendida de las mejillas.
¿Qué magia pudo reunir a casi treinta mil personas haciendo guardia a las puertas de un estadio? ¿Qué pudo mantener sesenta mil pies de plantón una hora y media? ¿Qué pudo obligar a treinta mil bolsillos vacilantes que se resistían con empeño, a desvalijarse por completo entre plateas y populares de precios astronómicos?
Pero por sobre todas las cosas: ¿qué increíble poder mantuvo en paz a tantos jóvenes habituados al infernal pandemónium agresivo de los conciertos populares porteños? En orden, prolijamente, con tranquilidad inaudita, ocuparon sus asientos. Bailaron con los pies y los brazos. Respetaron. Se dejaron respetar. Compartieron la euforia con el vecino de butaca, Despejaron luego la sala en orden, sin dar lugar a ningún tipo de indicaciones que ni fueron hechas ni hicieron falta.
Los de treinta, testigos del nacimiento Los de veintitantos, participes del crecimiento. Los adolescentes, curiosos, con expectativas a medio satisfacer, buscando.
Almendra tenía una responsabilidad harto difícil. Pero no fue la primera vez que la tuvo. La había sentido antes, hace diez años, en medio del letargo de una generación. Hoy, ante una generación ambulante entre el esfuerzo, la dedicación, la melancolía y las frecuentes desesperaciones e impotencias más absolutas, regresaba con una imponente carga de energía. "Nosotros nos dirigimos a la gente de buena fe. En el momento actual no nos interesa lo demás. Lo que nos interesa es que teníamos ganas de tocar. Suponemos que, desde el momento de ser éste el momento que elegimos, es el mejor. Y el resultado va a ser el mejor, para la gente de buena fe." (Luis Alberto Spinetta).

SALVANDO LA PIEL

El estadio de Obras está a oscuras. Decenas de spots y docenas de flashes haciendo un hueco en el alma de pronto, sin previo aviso. Las voces son una sola ovación que se convierte en un trueno infernal cuando cuatro sombras titilando colores aparecen por primera vez el viernes a las 20:30 horas. Y la apertura con "Ana no duerme" abriendo también las sonrisas y los abrazos.
Eran demasiadas las cargas emotivas como para hablar de la música en si. Es más: no se podría hablar de la música que hizo Almendra sin tener en cuenta que, en los temas conocidos, el grupo tenía un coro de 5.000 personas detrás, con todas sus desafinaciones y su inmensa calentura. Los más "viejos", con el profundo goce de ver nuevamente a los pioneros sobre el escenario. Los más jóvenes, con la efervescencia propia de conocer a los ídolos, que hasta ese entonces habían significado sólo los discos y las cuitas de los demás.
El sábado Luis se puso una camiseta de la selección argentina de fútbol. El sabrá por qué. Y desfilaron el "Tema de Pototo", "Las manos de Fermín", "Hoy todo el hielo en la ciudad", "Final", "Plegaria", "Figuración", "Color Humano", "Mestizo", "A estos hombres tristes".
¿Cómo explicar el no caber en uno mismo? Sin respiro, cerrando los ojos frente al tocadiscos de siempre con el mismo y gastado long-play de siempre, acordándonos de Sótano Beat, de Pinap, de Cronopios, abríamos la mirada para encontrarnos con ellos bailando frente a los micrófonos, tocando los viejos temas de hoy con nuevos arreglos. Una jugarreta de la mente.
Pero los chicos habían crecido. La voz de Luis estaba más madura, los solos de Edelmiro eran desgarradores, el canto de Emilio tenia una profesionalidad que no le habíamos conocido entonces, Rodolfo inundaba con su salsa y su precisión la misma vieja Caf que lo acompañó siempre.
Y los temas eran nuevos, también. Cuatro de ellos con el inconfundible sello surrealista-hermético de Luis Alberto: "Espejada". "El jaguar herido", "Hilando Fino" y "Vamos a ajustar las cuentas al cielo". El quinto era de Emilio y Emilio cantó: "Ah, qué hermosa es tu voz, cambiándome el futuro. Ah, qué hermosa es tu voz, cambiándome el futuro."
"El motivo de la unión es un motivo puramente afectivo e inmediatamente musical. Por caminos diferentes hemos seguido siendo amigos, y teníamos ganas de juntarnos a tocar. Y van a tener que bancársela. Nosotros sabemos que desde el momento en que empecernos a tocar habrán todas las preguntas, y nosotros tenemos las respuestas. La intención básica nuestra es la de tocar para divertirnos, y nacer algo lindo para nosotros. Y después. lógicamente, dárselos ustedes" (Luis Alberto Spinetta).

HILANDO NO TAN FINO

¿Qué nos espera ahora? Más conciertos- Un álbum en vivo- Una serie de proyecciones en video-cassette para que nos acordemos de esta risa. ¿Qué más?
"Tocamos porque queremos hacerlo, y lo podemos llegar a hacer nuevamente, O no": ¿Y si lo hicieran? ¿Y si siguieran creando?
Han demostrado que nuestra música sigue en pie. Como lo demostraron también la decena de muchachos que recorrieron la cola ante Obras repartiendo sus volantes, sus invitaciones a sus recitales, sus propias esperanzas en el "Vení a vernos" de siempre. Almendra no volvió para renacer algo muerto. No creemos, tampoco, que así lo hubieran querido. Algo muerto no reúne treinta mil personas en tres días, algo muerto no necesariamente te abraza con quien ríe a tu lado.
Almendra demostró que hay gente que escucha. Que los oídos abiertos siguen estando. Que hay por quien y para quien seguir trabajando y creando cada día, todos los días.
Que "Muchacha" es un lema de hoy y que "Rutas Argentinas" hizo que los cocacoleros golpearan incansablemente con sus destapadores las cajas que llevan colgando del pecho. Que seguimos tirando, hermanos perros, y que sigue faltando bastante para que nos libremos de la cadena.
"Básicamente, es una creación sin concesiones. El artista crea, y siente que la gente va a escuchar lo que él crea, y no a una especie de pirotecnia que no conduce a nada. Entre miles de artistas de papel madera, frente a toda esa excitación comercial para comprar discos de mil artistas que nunca van a venir al país, que no saben de dónde son, qué dicen las letras, (o cuando ve qué dicen las letras, mejor que no lo supiera). Este movimiento ha tratado de mantener una especie de dirección no entrar en ninguna de las variantes que son utilizadas por esa otra clase de artistas. Antes de vender su creación prefiere irse y no hacer nada. Creo que no hay otro espectáculo musical que lleve la cantidad de gente que ha llevado este tipo de música que hicimos nosotros durante todo este tiempo. Somos los únicos creadores en los cuales la juventud se puede realmente identificar. La gente de buena fe. Uno es capaz de bailar con esta música, como de sentarse a meditar qué dice su letra, y pienso que eso tiene más tuerza que todo lo demás. Porque es más profundo, y porque la realidad un poco está basada en el alma. Y tarde o temprano lo nuestro va a dejar una huella. No importa su magnitud, pero dejará una huella en futuras generaciones de creadores, poetas, escritores, músicos, artesanos. Y eso en definitiva es la cultura de un país. Lo demás es un papel maché inexistente, o es la manada que se desencarria hacia vías especificas anticreativas." (Luis Alberto Spinetta).

VIVE DE COLOR

Se hace difícil seguir elucubrando. Porque, curiosamente, los dos cronistas firmantes de esta nota tienen un expresivo detalle en común. Para ambos, el primer disco que han comprado en toda su vida ha sido Almendra 1. El del payasito con la sopapa. Por eso mismo, se hace complicado seguir pensando. Porque la amalgama de vivencias y sensaciones de estos últimos diez años tienen, como punto de partida, un grupo que hoy nos toca comentar en su reencuentro con nosotros mismos, Y los comienzos del secundario, los primeros pantalones desflecados a propósito, las reuniones en los parques, el pelito más abajo de la oreja y la serpiente que viaja por la sal se ponen hoy de pie y saludan con una tímida reverencia agradecida. Desde esta oficina y desde esta máquina de escribir, toda una filosofía aprendida a los tropezones y crecida con biberones de música y amigos ahora se planta con barba, hijos y varios talles más grandes de pantalones y apertura mental para dar la bienvenida a nuestros involuntarios padres del espíritu. Unos padres a quienes llamamos por teléfono para desearles feliz año y entrevistamos todas las oportunidades necesarias. Unos dioses de carne y hueso que toman café y también dicen incoherencias como cualquiera, unos seres de otro planeta que suben al escenario y bajan de él con la misma sonrisa franca.
¿Qué harás mañana, cuando yo me haya ido? ¿Qué harás contigo? ¿Te tirarás al aire? No. Seguiremos creciendo y creando porque ya no nos queda otra, porque es imposible ahora dejar la vida. Porque no se nos da la gana, aparte, dejar la vida. Pero tal vez sería mejor que no se fueran mañana para, de alguna forma, poder compartirla...

CON LA CABEZA

"Si con lo que nosotros aportamos se modifica el medio ambiente, en el sentido de que haya una mayor cohesión creativa entre los creadores, y una mayor fuerza de los productores, que inviertan más dinero en producir discos, etc... ahí está." (Luis Alberto Spinetta)
Esta expresión de deseos es involuntariamente falsa en su forma y en su contenido. Lo es en su forma puesto que el condicionante 'si' no está ubicado allí por casualidad, y por el solo hecho de estar allí ya plantea la condición contraria: ¿Y si no sirve para eso? ¿Y si sirve exactamente para lo contrario?
Evidentemente, estas preguntas quedaron en el aire y aparecen, por omisión, en la formulación de Spinetta. Pero ahora vayamos al contenido, que surge de responder ampliamente a todos estos interrogantes. En primer lugar, tenemos cono antecedente fundamental en todo 1979, que los productores se han dedicado a promover la presencia en el país de los "monstruos sagrados" del rock y del jazz, a nivel mundial. De esta forma han desfilado por nuestros escenarios John Mc Laughiin, Larry Coryell. Egberto Gismonti, Hermeto Pascoal, Jan Hammer, Dizzie Gillespie, Bill Evans, Milton Nascimento... (Cosa saludable, de más está decir. No estamos lapidando las presentaciones, sino que tan sólo planteamos un cuadro de situación.)Hasta aquí, se podría declarar que el concierto de Almendra funcionaría como antídoto para esta situación (en el sentido de la necesidad de promover también a los grupos locales) y sería un inicio de una reversión de la misma, ¿Es esto cierto? Naturalmente no.
El concierto funcionó, y la realidad, lo está demostrando, como un intento de comercialización de la nostalgia Y decimos que se está demostrando, pues otros productores ya han tomado nota de los resultados y, muy lejos de promover a grupos nuevos, están hablando de una reunión de Sui Generis o de Manal (ésta última descartada por la negativa de Javier Martínez).Es decir que aquí de lo que se trata es de educar a la gente en la nostalgia, (cosa siempre peligrosa para el público mas no para los productores, que con ello engrosan sus arcas y aumentan su prestigio). No faltará algún demagogo que nos acuse de pedantes, al tratar a la gente de educable en uno u otro sentido.

lmendra y las ceremonias del verano

Verano del '68. Las siluetas de dos chicos solitarios vagabundeando por la playa, se recortan contra el cielo plomizo de Rawson. Como compañeros del colegio San Román de Belgrano, en la Capital Federal, las anécdotas llegan en cascada por el hilo de la complicidad. Sin embargo el más flaco va callado, encerrado en un pensamiento o tal vez preguntándose por qué la playa está tapizada de canto rodado en lugar de arena. El otro opta por sentarse y encender un cigarrillo. Después, la ceremonia de enterrar una caja pequeña con el nombre del grupo musical que germinaba y grabar frases sobre una piedra. Había nacido Almendra.
"Hacía tres años que veníamos haciendo música. Luis Alberto tocaba con Rodolfo en el grupo Los Larkings y yo, Edelmiro, mi hermano Ángel y Ricardo Miró, integrábamos Los Esbirros" recuerda Emilio Del Guercio, agregando que "tocábamos temas de Los Iracundos, Los Beatles, Rolling Stone"
A fines del '67, Edelmiro Molinari, Rodolfo García y. Luis Alberto Spinetta hablan con Del Guercio para formar un grupo de música. La idea es hacer temas propios en castellano. El impulso tiene que ver con una mística, un proyecto grupal, de comunidad, muy potenciada por la imagen que proyectan Los Beatles.
"Yo leía a Cortázar, entre otros materiales diversos -señala Emilio- Con Spinetta estábamos copados con la pintura de la nueva figuración: Noé, Minujín, De la Vega. Militábamos en la juventud que reivindicaba al peronismo, y aunque el grupo nos desvinculó de esa práctica, yo quedé vinculado de alguna manera".
Por esa época las reuniones se suceden con entusiasmo. Hablan de todo: del escenario donde hipotéticamente van a tocar, de filosofía, de todo. Las voces de los cuatro barajan muchos nombres:' El tribunal de la inquisición' es uno ("en esa época éramos punks, ironiza Emilio") otro, entre tantos, es Aquelarre (nombre que tomará el grupo del propio Del Guercio y Rodolfo García, en 1975).
"Nos gustó el nombre de Almendra porque era un concepto, una palabra que introducía un elemento nuevo sin poner, por ejemplo, 'los carlitos' ¿entendés? La palabra no hacía referencia a un conjunto, sino a una entidad". -Del Guercio, que como solista publicó su LD 'Oficio de pintor', se moja la boca con el cuarto vaso de cerveza para seguir dándole cuerda a la memoria- "Otra cosa que nos interesó era que la palabra, fonéticamente era fuerte. Representaba el carozo de una fruta austera con un lindo diseño, sin el atractivo visual de una frutilla o un durazno. En suma, con Almendra, queríamos decir que lo interior era más importante que la apariencia".
Al regreso de Puerto Madryn, donde habían ido a tocar con Los Esbirros incorporando a Spinetta en canto y guitarra, Emilio Del Guereio juntó asi algún dinero para comprarse por fin un bajo. A principios del '69, salió el disco primero de Almendra.
"Habíamos ido al Payró a ver un recital de Los Gatos -evoca Del Guercio-y participamos en el debate posterior. Estaba allí Ricardo Kleiman, productor y locutor de radio que escuchó con qué pasión hablábamos de lo nuestro y vino a vernos ensayar. Almendra duró unos dos años y medio aproximadamente, hasta el verano del '71. En ese tiempo sacamos varios discos simples y dos LD, uno de ellos, doble".
Volvieron a reunirse en el '80, en plena dictadura, porque -según cuenta el entrevistado-buscaban revitalizar esa mística que fue característica del grupo:, "queríamos golpear en la emotividad de la gente". Grabaron los discos: Almendra en Obras y El valle interior, y realizaron una gira por todo el territorio nacional.
En algún lugar del cuore de Emilio Del Guercio, cuatro tipitos graban en los estudios TNT con los equipos del grupo inglés The Tremeloes: "la sensación que queda -dice tranquilo- es la de haber participado en un proyecto trascendente para nuestras vidas. Privilegiamos el hecho artístico por sobre todas las cosas".

Revista Crisis 1987

Los lazos pensantes/Revista Pelo 1977/Luis Alberto Spinetta


Las músicas, las actitudes, las palabras de Spinetta siempre dibujaron caminos e influyeron sutil pero definitivamente. Sin embargo, aunque todos esos caminos fueron seguidos, aceptados y alabados, quizá muy pocos vislumbraron el más valioso: la búsqueda independiente, inagotable, vital, de la creación y sus significados más allá de la forma musical o literaria. Esta etapa por la que atraviesa actualmente (después de la separación de Invisible hasta ahora) no es exactamente nueva, sino más bien otra cara —tal vez más límpida y más directa— de su manera de manejar los hilos de su comunicación con los otros, a través de un espíritu creativo sin concesiones.

Los nuevos temas de LA Spinetta tienen otras libras rectoras y una óptica sentimental muy alejada del hermetismo que alguna vez se le criticó. El prefiere no explicar con palabras: prefiere hacerse entender sólo a través de su música. De todos modos, mantuvo con nosotros una larga charla esclarecedora de su mente y su realidad:

Antes de comenzar a charlar de este periodo y lo que representa para vos, contame cómo te fue en el viaje que hiciste al interior hace poco.

El viaje a Tucumán fue un contrato habitual, en el estadio del club C.A.J.A. popular; habían concurrido 2.800 personas, más o menos. Pienso que fue un buen concierto, tal vez un poco largo —duró como dos horas y pico—, donde hubo de todo. O sea: creo que el grueso del público salió satisfecho, aparte, todo lo que tocamos (excepto "Durazno sangrando" y "A esos hombres tristes", que los toqué en forma solista) fue nuevo. Fui con Rapoport y Machi; un trio, sin batería. Parte del público, que es la que está habituada a los espectáculos convencionales, que no van más allá de lo formal, reclamaba rock con todas las de la ley. Mi diálogo con el público fue muy consistente; traté de decirle que para mí cada concierto es una forma nueva de llegar, y que el material que estrenábamos en Tucumán era una primicia absoluta. Para mí es muy fácil tocar material del pasado, pero creo que es más importante lo otro. El grueso del público lo entendió; creo que la mayoría de la gente se fue satisfecha, por lo menos satisfecha de ver que alguien no hace lo de costumbre.

¿Cómo fuiste canalizando las expectativas que centraste en vos y en tu creación, a partir de la desintegración de Invisible?

Yo te diría que son muchas cosas que ayudan a un mismo fin. En parte es mi propia preocupación y mi propia seguridad, en cuanto a lo que hago yo y al camino que quiero seguir, que es, en última instancia, lo que me permite verlo y seguirlo. Por otra parte, en este momento cuento con músicos que están teniendo una participación creativa notable dentro de lo que hago; eso es fundamental para mi, y para cualquier tipo que quiere hacer una música instrumentada. La presencia de Diego para mi es muy importante; haber vuelto a tocar con Machi representa haber ganado la batalla del entendimiento. A Machi lo quiero mucho; es muy difícil que yo pueda tocar con un tipo con el cual me lleve tan bien como con él. En este momento estamos los tres a las mil maravillas, y somos conscientes de que hay que buscar la forma de que eso continúe. Por suerte no hay cosas extrañas a nuestra relación, que puedan estar socavándola; nos entendemos en lo bueno y en lo malo, y tiramos duro y para adelante. Por otra parte, no está prefijado que tal tipo va a tocar conmigo durante tanto tiempo, o toda la vida. Yo sé que cuento con Machi para lo que quiero hacer, y él sabe que cuenta conmigo para lo que quiera. Para nosotros lo importante es tocar; no nos hemos propuesto hacer un conjunto, ponernos a grabar, hacer recitales. Vamos a tocar y tratar de satisfacer nuestra necesidad de tocar y de hacer cosas juntos, a un nivel tipo hambre. ¿Viste que cuando uno tiene hambre no le importa comer papas fritas, pan o huevos? Bueno, eso es lo que estamos buscando y nos satisfacemos ampliamente. Desde luego que hay una parte investigativa, pero el terreno en que nos movemos es tan libre, con todos los músicos con que tocamos, que no hay ataduras, y el que quiere tocar, toca.

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¿Por qué no contás con un baterista estable?

Lo de los bateristas es algo que vengo arrastrando desde hace mucho tiempo; en realidad, creo que uno de los puntos claves de los planteos musicales míos está en la parte rítmica. Creo que los bateristas con los cuales he tocado —Black, Pomo— son excelentes, pero el asunto es encontrar tipos que puedan enriquecer la idea; no me contento con un tipo que me acompañe. Quiero encontrar un baterista que me colme, porque es una de las cosas a la que más atención le presto de las que hago. En este momento existe un planteo formal de tocar con Lopecito; él está tocando con Villegas, le gustó la idea y se prendió al mango. Pero para mí todo está sin condicionamientos, no se trata de decir: "Voy a formar una banda para salir a tocar"; la idea es otra. De pronto quiero grabar un disco y le propongo a Lopecito si quiere tocar conmigo; o voy a preparar un concierto y recurro a él o a otro músico para que me acompañe. Ninguno de los músicos está siguiendo una ley interna propuesta por Spinetta.

¿No crees que sea un riesgo para tu música el hecho de que no exista una compenetración total de los músicos en ella, en la medida en que la abordan esporádicamente?

No; yo me doy cuenta de entrada si un tipo no entiende o no participa en lo que hago, lo advierto al instante. De modo que el tipo que no se compenetra con mi música no lo hará ni el primer día ni después de seis meses. Ya no estoy haciendo música con la pauta de que la música tiene que obedecer a ciertos hechos ideológicos adyacentes a la música; la música que yo hago lleva implícita toda la carga emocional, filosófica, psicológica y poética. O sea: el tipo que se acerca a mi música ya sabe que posee todo eso. Por supuesto que, además, existe un ajuste; voy a funcionar mejor si trabajo tres meses seguidos con Lopecito, que si trabajo una vez cada tanto. Pero no puedo decir que porque no tenga una banda estable con ese tipo ese tipo no está compenetrado conmigo. Hace rato que necesitaba esta libertad para trabajar; todos estamos cambiando, pero yo estoy tratando de hacer una cosa realmente profunda que no obligue al tipo que lo comparte a ser una sucursal de mi pensamiento. Eso se logra únicamente con una amistad de mucho tiempo y que quizá son tipos con quienes nunca vas a tocar música. Aquí se trata de tocar música por el placer de tocar música, y es necesario que esa música no se deforme por todos los hechos ideológicos que están alrededor de ella. Por otra parte, seria muy egoísta si pretendiera que los que tocan conmigo pensaran como yo.

Definime un poco las diferencias que percibís entre el planteo que adoptas actualmente, y el que adoptaste en el pasado.

Mira, yo me equivoqué muchas veces, a raíz de lo que te comentaba recién; ahora me doy cuenta de que estoy con muchas menos posibilidades de equivocarme. Lo de ahora es una cosa más musical, más profesional; nos reunimos y cada ensayo es una verdadera llama, donde tocamos, gozamos y ensayamos todos. Ahora no existe eso de ir todos juntos a todos lados, de estar siempre juntos. Eso ya lo viví y no me interesa repetirlo, ya me aburrió; además, los tipos con quienes estoy trabajando no se prestan para eso. Como no hay nada impuesto, como nadie se siente obligado a nada, lo que sale espontáneamente de nosotros rompe todo, porque no está impuesto por ninguna ley, ni la de Spinetta ni la de nadie.

¿Cómo funciona tu composición en este periodo que evidentemente encaras con una óptica bien concreta y definida?

Yo creo que muy bien. Estoy pegando un viraje violentísimo pero me siento muy bien con lo que estoy haciendo, me siento emparentado como nunca con lo que compongo. Es como si dijera: "Pucha, esto .es lo que quiero hacer'", y punto. Mal o bien, no me interesa; lo importante es que se trata de ésto.

Trata de describirme en qué consiste ese viraje.

Yo me pasé doce años tratando de hablar y cambiar la mentalidad de la gente, beneficiar al medio con mis invenciones y alentar a los nuevos músicos hacia una búsqueda nueva. Ahora me di cuenta de que puedo hacer todo eso sin proyectarme a través de mi obra; mi obra se proyecta sola, y yo, por otra parte, puedo hablar de mi obra. Descubrí que no es necesario que cada cosa que hago debe estar encuadrada en un texto psicológico, dentro de un hecho filosófico, si se quiere. O sea: en este momento he limpiado todos los lazos pensantes que tiene lo que hago; entonces mi música es el producto de mi investigación musical. He cambiado la óptica, el sistema, todo. Pienso que estoy fenómeno, y, por ende, se me crean nuevos compromisos, saber más música, meterme en nuevas cositas, y saber más y más, nueva poesía, nueva música, nuevos conceptos, nuevas tapas, todo nuevo. Aquí desde el rockero o el progresivo, todos hemos ejercido la ley ideológica: "No me gusta, porque estos tipos están en esta onda". No, no debe ser así; la música gusta o no gusta, es buena o no es buena. En definitiva, yo me he adosado a esa corriente, a la corriente de poder decir: "Lo de Spinetta me gusta, no porque sea Spinetta quien lo hace, sino porque es lindo por si mismo". Es absurdo pensar que lo que hace tal tipo debe estar adaptado necesariamente a un determinado concepto filosófico. Últimamente, lo que los músicos hacen es cinchar, con la música de la mano, para cambiar el medio, pero no está en ellos la solución. Creo que la mejor manera de cinchar es tirar por la borda todos los conceptos y prejuicios musicales, para hacer una música que represente el modo de ser de cada uno de nosotros. Hasta ahora se trató de darle a la gente algo que la excite, pero que la excite estúpidamente, por el lado más necio. Por otro lado, se ha tratado de dar a la gente cosas que terminen por dormirla; yo pienso que lo único que hay que darle a la gente es buena música, la mejor música que uno pueda dar. Entonces, esa música activa enriquece y es beneficiosa, esa música es una terapia perfecta. Mientras el músico siga pensando que su música debe sonar de acuerdo con ciertos valores, el músico sonó, porque su música va a estar contaminada porque será el producto de algo re-pinchado que viene de antes. Yo he pasado por ese proceso, pero ahora, evidentemente, opté por otra temática.

¿Cuándo descubriste esta nueva posición que querés adoptar? ¿Qué fue lo que te llevó a encararla?

Este planteo lo tengo desde hace muchísimos años. Yo empecé con este planteo, luego me desvié hacia otros lados que me sirvieron para constatar otros estados emocionales. Ahora, después de haber descripto una parábola, sobre todo a partir de la separación de Invisible, siento la necesidad de hacer una cosa para que ya no se la rotule nunca más. Hay tipos que no admiten que Spinetta toque una zamba, mientras que lo único importante es que guste y que esté bien hecho.

¿Vos crees que el público tiene los elementos necesarios como para no rotular las expresiones, y valorarlas en si mismas?

Si. En primer lugar, porque tal vez nosotros —los músicos— erróneamente le dimos a la gente el filo para afilar su propia navaja y en un momento dado esa navaja se pudo volver en contra de nosotros. Segundo, yo he bregado por hacer una música totalmente libre, una música que represente la música de la calle, que no sea una música que te termine de pudrir. No me quedo ni con los tangueros estancados que no pueden salir de ahí, ni con los pseudo bluseros a los que no les da la cabeza para poner un tono más, y se quedan con los tres tonos y mueren ahí. Después de haber tratado de ampliar el campo de mi libertad creativa, se me ocurre cantar una zamba, y "Trac", el puñal. Yo no tendría que haber creado las condiciones como para que la gente no pueda relacionarme con algo que salga del rock. Realmente me pone muy mal que ocurra lo que ocurrió en el Club Hípico, cuando me tiraron dos monedas por cantar una zamba, porque según sus encasillamientos yo no puedo cantar una zamba. En realidad, creo que está bien todo lo que hagan los músicos de acá, en la medida en que sea lindo y afinado; cuando suenan mal ya no hay quien los pueda levantar. Lo que le tiene que importar al público es que el músico siga entregando todo, no que se haya pasado a la línea de éste o de aquél.

¿Pensás que el público condiciona, con sus expectativas, el producto del músico?

Mira, yo creo que hay artistas que son predestinables, pero hay otros que no; hay artistas que tal vez la gente los va a destrozar, pero que no se van a dejar manejar.

Vos tuviste la suerte, sin embargo, de que pocas veces el público te cuestionó las cosas.

Yo pienso que el público siempre me ha cuestionado las cosas, lo que pasa es que yo siempre he hecho las cosas con tanta honestidad que el público las puede cuestionar sólo desde un punto de vista formal, pero no pueden meterse con mi obra porque pocos la pueden comprender en su real medida. Creo que a veces la gente no alcanza a ver las verdaderas raices de todo esto, las raices humanas, musicales, lo que está sirviendo de peso a toda la creación.

¿Cómo podrías definir el producto musical de todo tu planteamiento ?

En este momento me inclino por una música simple, una música que fluya espontáneamente, si se quiere. Yo nunca pude hacer música demasiado compleja, por un hecho estético: a mi me molesta lo complejo y no domino el lenguaje para hacer cosas complejísimas.

A pesar de lo que digas, vos hiciste cosas bastante intrincadas.

Claro, pero en última instancia no son tendenciosamente complicadas. A mi me molesta escuchar una pelota de arreglos sin parar, que no llegan a ningún lado, y no poder discernir una sola melodía en todo un texto musical. En esta época en que se está pudriendo todo —los bosques, los mares, el aire—, no podemos intoxicarnos las cabezas con productos de nuestra máquina de crear. Con esto no quiero negar las obras de arte complejas, pero muchas veces se .busca lo complejo y a través de lo complejo se quiere edificar algo irreal y ambicioso. Cuando una obra de arte es ambiciosa, ya no tiene posibilidades de ser hermosa.

¿No crees que las complicaciones y los desórdenes sociales que vive el mundo, justifican la existencia de una música compleja, con disonancias y atonalidades?

Lo que pasa es que hay música disonante hecha con buen gusto, y música disonante hecha con pésimo gusto.

¿Cuáles consideras que son los elementos rectores de tu creación?

Pienso que no tengo elementos rectores. Cada tema mío es un mundo diferente; lo que sí te puedo decir es que cada día me inclino hacia la cosa más melódica. No me importa que lo que haga sea simple o complejo; sí me importa poder emitir una emoción. No me importa si la emoción la logré tocando una nota o 250 mil; si logro la emoción siento que mi música está bien. Es muy difícil tocar y decir todo el tiempo; yo trato de hacer eso, es una constante: tocar y decir, cantar y decir. Lo único que aspiro es que la música que hago represente fielmente lo que amo; lo demás me importa un rábano. Yo ya entendí que tengo que evolucionar y que voy a seguir evolucionando, hasta que no me dé más el mate.

¿Y qué es lo que amas?

Amo una creación sin concesiones. No tengo concesiones con "los monstruos" que tengo en la cabeza que me llevan a crear. Mira, la ecología empieza por casa; si sos un contaminado no podes gritar que el mundo se está pudriendo. Es fundamental hacer las cosas para darle una mano al tipo que la necesita, no vivimos en una sociedad de tipos solos. Lo que amo es eso: la ideología que empieza por casa. Tener conciencia de todo lo que debo darle a mi hijo; conciencia de cómo debo utilizar mis instrumentos de trabajo; de cómo no tengo que permitir que mis instrumentos se rompan, de cómo cuidarlos porque para mi son oro.

Me hablaste de contaminación; hablame de Buenos Aires.

Eso es Buenos Aires (señaló el grabador que emitía las melodías de sus nuevas composiciones). Pienso que este lugar tiene todas las posibilidades de ser fabuloso, pero en general la gente no comprende que no tiene que engañar más a sus semejantes. Entonces, esta ciudad me sigue pareciendo triste, a pesar de que es hermosa; me sigue pareciendo gris, a pesar de que tiene todos los colores del mundo.

La tristeza y el color gris muchas veces son relacionados con la vejez...

Soy muy joven para detenerme a pensar en los ancianos; ojalá que todos los ancianos sean felices.

¿Tenes miedo de llegar a la vejez?

No, no le tengo miedo a lo real. De pronto le tengo miedo a lo irreal, pero no a lo real. El hecho de irse desgastando es real, y lo asumo plenamente, y lucho para ir creciendo en la medida en que me voy achicando físicamente.

¿Hasta dónde queres crecer?

Quiero crecer hasta que mi alma siga viajando. Quiero crecer para que mi viaje no se corte, no quede en el vacío. Quiero conocer a Dios. Quiero hacer mi música para el espacio, para los planetas. Me resisto a pensar que tengo que cumplir una misión para los hombres y chau. Cumplir una misión para el cosmos, en resumidas cuentas.

¿Para vos, el cosmos y Dios son la misma cosa?

No. Dios me da una sensación de enormidad mayor que la del cosmos. Yo a Dios lo puedo ver de muchas maneras; tal vez un día pueda tener una imagen única de El. Lo importante que no es un Dios que me asfixia... .

¿Hay diferencias entre Dios y el amor?

No. Son la misma cosa.

¿Cómo se proyecta esto en tu obra?

A pesar de que estamos teniendo una conversación superlindante con lo ideológico y lo espiritual, yo quiero despojar a mi obra de todo esto. Quiero que la gente repare solamente en lo que expreso en mi creación, porque, desgraciadamente, muchos tienen más en cuenta lo que digo que lo que hago, y supongo que es un enfoque muy errado. Yo quiero que la gente se olvide de que pienso de una determinada manera, no que se olvide, pero que no lo tenga tanto en cuenta como lo que yo hago. No quiero que le den más valor a mi imagen que a lo que yo compongo, porque eso es cruel para mi, es mi muerte.

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