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jueves, 6 de noviembre de 2008

JOSE LUIS MANGIERI ( AYER Y HOY)

Boomp3.com





Mi pequeño homenaje a un gran y querido Poeta. PicaMieL

Jose Luis Mangeri es el que esta solo, y en las otras fotos con la gorrita. En las otras fotos esta acompañado entre otros por Osvaldo Bayer.

FALLECIÓ EL POETA, EDITOR E INFATIGABLE

MILITANTE DE LA CULTURA JOSÉ LUIS MANGIERI


COMISIÓN DIRECTIVA DE LA SEA

SEA / SOCIEDAD DE ESCRITORAS Y ESCRITORES DE LA ARGENTINA


La voz del poeta

Si – según se afirma – la intención de todo poeta es que su obra lo sobreviva, entonces resulta oportuno recordar a González Tuñón por lo que dejó para “la posteridad”: su poesía.

“La calle del agujero en la media”

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
Y la mujer que amo con una boina azul.
Una calle que nadie conoce ni transita.
Yo conozco la música de un barracón de feria,
Barquitos en botella y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.

Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
Ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
Ni el affiche gastado del grotesco armazón
Telaraña del mundo APRA mi corazón.
Ni las luces que siempre se van con otros hombres
De rodillas desnudas y de brazos tendidos.
Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
Que acarician de noche a los niños queridos.
Tenía el resplandor de una felicidad y veía mi rostro fijado en las vidrieras
Y en un lugar del mundo era un hombre feliz.

¿Conoce Usted paisajes pintados en los vidrios
Y muñecas de trapo con alegres bonetes
Y soldaditos juntos marchando en la mañana
Y carros de verdura con colores alegres?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
Y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
Y riendo de la muerte y de la suerte y
Feliz como una rama de viento en primavera.

El ciego está cantando. Te digo, amo la guerra.
Esto es simple, querida, como el globo de luz
Del hotel en que vives. Yo subo la escalera
Y la música viene a mi lado, la música.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda.
Alegres en lo alto de una calle cualquiera,
Alegres las campanas con una nueva voz.
Tú crees todavía en la revolución
Y por el agujero que coses en la media
Sale el sol y se llena todo el cuarto de sol.

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
Una calle que nadie conoce ni transita.
Sólo yo voy por ella con mi dolor desnudo,
Sólo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir: yo he conocido, es decir: algo ha muerto.

De Miércoles de cenizas (1928)
El poeta y editor José Luis Mangieri recuerda así a González Tuñón: “Raúl fue el primero que blindó la rosa: Lo dijo Pablo Neruda en Madrid en 1936, a comienzos de la Guerra Civil. Allí estaba Tuñón junto a sus amigos de las Brigadas Internacionales: Aragón, Vallejo, Ludwig Renn, René Crevel, Barbusse, con todos los poetas españoles de la Generación del ‘27: Lorca, Alberti, León Felipe, Miguel Hernández, Manolo Altolaguirre, Antonio Machado. Como dijo de él Ricardo Güiraldes, “Raúl tiene los ojos llenos de Rusia”, y los tuvo hasta el final de sus días, cuando el reformismo vernáculo y de afuera pretendía cercarlo. “Reformismo”, palabra prehistórica hoy. Raúl fue el eterno desobediente, el que no acató. Fue un hombre generoso con su tiempo. ¿Quién de la Generación del ‘60 no pasó por su escritorio en “Clarín” con los versitos iniciales para pedir su consejo? Juana Bignozzi, Héctor Negro, Julio Huasi, Juan Gelman y tantos otros que nos deslumbrábamos con sus vivencias de la Guerra Civil. Generoso con sus libros que repartía a manos llenas, poeta pobre hasta el final, él escribió uno de los poemarios más altos en la lírica de habla castellana, La calle del agujero en la media, y uno de los más estremecedores de la épica, La rosa blindada, escrito en 1936 en homenaje al levantamiento de los mineros de Asturias e impreso en los Talleres de la Federación Gráfica Bonaerense. Pero acompañó con entusiasmo a la vanguardia surrealista. Siempre en la primera línea. Modesto al extremo. “César Vallejo es el mejor de todos nosotros”, nos dijo alguna vez. Y también fue el primero en pelearle al olvido. Allí está su poemario Demanda contra el olvido. Cantata para nuestros muertos, de 1963. Nos dejó algunas frases que resumían su ética: “El hombre a la larga gotea por algún lado”. Pero ni su generación ni la mía lo vieron gotear jamás. El Tata Cedrón y Andreoli le pusieron música a sus poemas. Hoy hacen lo propio jóvenes que vienen del rock. Si parece que fueron escritos para él los versos de García Lorca “Viva moneda que nunca / se volverá a repetir”. El año que viene se cumplirán cien años de su nacimiento en el Barrio Once, barrio al que le cantara su amigo Carlos de la Púa en su libro La crencha engrasada que se abre con una dedicatoria: “A Raúl González Tuñón y Jorge Luis Borges, mis rivales en el amor a Buenos Aires”. Vayan estos recuerdos desordenados en un modesto homenaje a quien nos dijo: “Los muertos vivirán siempre en la memoria de los vivos”. El que vivió su tiempo combatiendo sin tregua nos está esperando en sus cien años”.


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