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martes, 21 de octubre de 2008

Un plus petit homme.


inflexión (punto de)

la soledad es esa mujer de ojos verdes, que llega ahora, cuando ya no la esperas.. la soledad es esa vida que tanto asusta, esa mentira a la que aferrarse.. la soledad es un flotador que termina hundiéndote, miradas compasivas desde una orilla de irrealidad..
lágrimas reprimidas y vasos de whisky, puñetazos en un espejo y sangre
que no brota, un corazón que ya no sangra.
la soledad es tu numero de teléfono en el dorso de un posavasos


cabrón

El viernes murieron cincuenta mil iraníes en un terremoto. No somos más que marionetas. Si existe un Dios, tiene parkinson.

déjà vu

La nochevieja de mañana ya la hemos vivido, os lo digo yo. Conversaciones repetidas y decálogo de lo escatológico con un racimo de uvas. Presentadores con capa y tapones de champán que aniquilan bombillas. Corbatas horteras y humoristas que invitan al suicidio. Recibiremos saludo de quien habitualmente nos lo niega, besos pegajosos, y capas de maquillaje. Nos beberemos hasta el agua de los floreros, y los canapés se convertirán en proyectiles de una guerra etílica.
Me aburre lo previsible y más esa falsa felicidad de la que parece contagiarse todo el mundo. Para mi cada noche es fin de año, San Juan, tu cumpleaños, el mío, tu despedida de soltero, la firma de tu contrato vitalicio, tu divorcio

reincidente

La noche es esa mentira por la que me dejo seducir, pero a la que soy incapaz de escapar.

fuck me, i´m famous

¿Saben ustedes que sucede cuando una persona de a pie decide compartir sudores una noche con un famoso que se precie? Pues algo tan romántico, como que le hagan firmar un contrato de confidencialidad en la recepción de un hotel. Inaudito. Alguien que acompaña al famoso (imagino que algo así como su representate legal para asuntos del precalentamiento) saca de su maletín una pluma y un contrato, que evidentemente la otra parte no lee, pero personalmente mataría por saber que tipo de cláusulas se le ponen a los arrebatos.
Espero no haber metido en un lío a la adorable petite femme fatale, porque intuyo que yo no debería saber nada de todo esto.

semidesnatada

No apilar más de seis cajas. Contiene 12 unidades de un litro. Acostumbran a usar los cartones de las cajas de bricks de leche. El cartón es mucho más resistente que el que empaqueta botellas de aceite o frutos secos. El bolígrafo no resbala sobre su superfície y así no se agujerea al escribir sobre él. 'Tengo una familia y dos hijos, pido una ayuda para comer'. Miles de variantes para un mismo mensaje, faltas de ortografía pretendidas o no, frío en los pies, hambre de ayer.
La boca del metro, un semáforo, el gris de la acera, y ellos. Parecen parte del mobiliario urbano, figurantes de una mala escuela de teatro, se vuelven invisibles a nuestros ojos.
¿Por qué gastarán tanto dinero esos señores de Hollywood en retoque por ordenador? En aceras y bancos si afilan la vista los encontrarán, son sus óscars a los mejores efectos especiales, personas invisibles en forma de indigentes que esta noche tampoco cenarán.
¿Lo más curioso? Madres de familia que por arte de magia recuperan la visión, la pócima no pasa por una visita a Multiópticas, mucho más sencillo que eso, basta con colocar entre la manta y el cazo de las monedas un perro o un gato, preferiblemente modelo pasarela, es decir, marcando costilla. Con esa sencilla campaña de márqueting verá usted señor vagabundo cómo recupera su corporeidad así como sus ingresos se ven incrementados de forma notable, quizás tenga algo que llevarse a la boca antes de acostarse entre cartones, en esta ocasión de los que embalan neveras, que tienen la dimensión idónea para taparse por completo.
Triste, muy triste.

Total a pagar:

Estoy pagando las clases de violín a los hijos de Schumaker, patrocinando los injertos de pelo de Barrichelo, su novia me está enormemente agradecida, ahora lo encuentra mucho más atractivo. He decidido dar vacaciones a todo el equipo Ferrari, no os preocupéis, ya me encargo yo de pintar todos los chasis de rojo.
Financio también la casa desde la que Beckham vacila del clima español a sus amigos los guiris con cara de nube. No negaré que un detallito con Victoria también he tenido, soy un chico educado y de buena familia.
Esos anuncios y promociones que copan vallas publicitarias, segundos de televisión, y minutos de radio.. evidentemente son cortesía de enfant terrible.
Los programas de puntos, llamadas a un céntimo, y demás ofertas capciosas, son mi ultimo detallito con la compañía en cuestión, y es que estoy dilapidando la herencia de mis futuros hijos en Vodafone.
La factura no pasa por ser un sobre más en el buzón del debe, sino que un repartidor se encarga de llamar a mi puerta con un paquete bajo el brazo. Treintaycuatro hojas de factura no caben en un sobre medio. Siempre le doy propina, total, invita Vodafone.

juana

Paredes desconchadas, ventana de palmo por palmo, tres barrotes tras
ella. Una Silla, una mesa, y una cama, todas ancladas al suelo.
Humedad en los huesos, mirada huidiza y parpadeos convulsivos.
Tobillos y muñecas amoratados; cada noche la atan en la cama, forcejea
y se revuelve, pero bastan dos celadores para que las correas asfixien
su circulación, sus músculos han perdido toda la fuerza, su voluntad
se diluye con calmantes.
Araña frenéticamente la silla, ojalá fuese de madera y pudiera
clavarse las astillas bajo las uñas, ha olvidado lo que es el dolor,
ansía autolesionarse, pero todo está estudiado al milimetro, nada
con lo que rajarse las venas, cualquier intento de golpearse contra la
pared es en vano.
Llagas en el abdomen, vertebras que se quebrantan, y lágrimas que deshacen su piel, alucinaciones provocadas por sedantes, ansiolíticos, y el maldito carbonato de litio.
Su vida es una anestesia local, una privación sensorial.
Nadie merece enloquecer, y menos por amor.

asfalto

A tí, conductor aburguesado de taytantos, propietario de un Mercedes modelo Lady Di, fumador baboso de puros, y déspota por naturaleza, te pido, te ruego, y en parte exijo que no me mires por encima de esas ridículas gafas, y si puede ser, tampoco por encima del hombro cuando lleguemos a un semáforo.
A tí, que con desprecio opusionao humillas a vendedores de farolas y demás profesionales del paso de cebra, que deslumbras con faros de xenon a señoritas que tu dinero no puede comprar, te aconsejo que no trates de adelantarme, que no te fíes de tu curva de par ni de tu tecnología alemana, que olvides las palabras del vendedor dinámico y elegante del concesionario porque en ciudad todos los motores optan a la pole.
Adoro perderte por el retrovisor.

feliz navidad

Cientos de esquirlas hundiéndose bajo tu piel, proyectiles de cristal que desgarran tejidos y cercenan una vida. Sangre y sudor, pupilas inertes, una melena sobre el volante. Treintaysiete años que se deshilachan en un Lexus.
Resignada contemplas el constante goteo de muerte sobre el salpicadero (por fin entiendes el verdadero significado de la palabra, quizás no merecía la pena morir por ello). Reconoces enseguida ese sonido, es el grifo de tu casa, siempre goteaba, lo escuchabas hipnotizada cuando eras una niña de coletas y uniforme. Recuerdos de una infancia. Un colegio de pago, y una cartulina blanca con purpurina roja espolvoreada por encima. Ahora es tu sangre la que con violencia decora la tapicería. Gotas caprichosas y cínicas que dibujan la costa Azul. Ya no habrá navidades con tu hija en Francia, le acabas de regalar demasiadas preguntas a una niña de cuatro años.

en deuda contigo

Los dos sabíamos que aquello era una quiniela de uno fijo, no habría sobresaltos ni lágrimas inesperadas, contábamos las noches planeando como suicidar una relación que nació muerta.
Esta vez se llamaba Claudia, vestía de Dolce & Gabbana, y se reía de forma infantil. Pura dulzura. Rubia y 'con los morros retocados', como tanto le gustaba decir, aunque siempre pensé que la boca no era la única parte de su cuerpo que intimó con el bisturí.
Desde su metro setenta y sus cincuenta quilos tan políticamente incorrectos se comía el mundo, sin contemplaciones pero con mucho desparpajo.
Fumaba compulsivamente, eso sí, Marlboro light, que el otro mata. Se engañaba a base de potingues caros, y falsos amigos; ellos ansiaban sexo, y ella moría por dosis de cariño.
He vuelto a ejercer de kamikaze sentimental, de adicto a las rupturas, he preferido no leer entre líneas, me he limitado a pasar página y dejar un beso en el anverso. Pura cobardía.
Quizá debería perderle el miedo al abismo que me produce la gente que ama sin concesiones, que hipoteca una vida al amor.. Yo, que soy incapaz de pagar ni siquiera la primera letra.

Martina

No estaba previsto, pero ayer cené con Martina Klein. Llegué al restaurante poco después de las diez. Me recibieron con miradas reprobatorias, no había reservado mesa, pero de algo debe servir eso de ser cliente habitual. Un hueco me podréis hacer, acierto a decir con más cara de hambre que de pena, a los dos minutos vuelven a por mi. Has tenido suerte, pero no nos lo vuelvas a hacer. A sus órdenes mi capitán!. Se girá y me gruñe. Debería tener cuidado con esa camarera, da con el perfil exacto de psicópata de peli de sobremesa.
Todo lleno, una mesita de dos en la esquina, mucho humo, demasiado ruido y como siempre, pocas nueces.
Un par de mesas de guiris, unos rusos y otros alemanes, les delata esa nariz en carne viva. Más allá una cena de empresa, informáticos seguramente, calvos y rechonchos, chistes sobre windows, menudo lince estoy hecho. En otra mesa, un enano le clava el tenedor a su hermana en el culo, ella llora y él disfruta, menudo cabrón.
Y entre toda esa vorágine está ella, suéter blanco y vaqueros, apenas maquillada, el pelo recogido, sencilla, natural, belleza en estado puro. Está colgada en la pared, en un cuadrito, el marco de apenas dos euros le desmerece, sobre la fotografía agradece al personal del restaurante lo bien que se portaron con ella, firma como Martina, letra regordeta y ligeramente inclinada hacia la izquierda.
Es un encanto, nos pasamos la cena hablando, picotea de vez en cuando de mi plato y hay que joderse lo que le gusta el vino a la argentina. No toma postre. Le invito y me lo agradece, le sonrío y me voy.
Tendría que dejar de cenar sólo, es ciertamente deprimente. Aunque mucho me temo que no tardaré en volver a ese restaurante, esta vez prometo reservar, pediré la mesa de Martina.

traidor

Sé que estás ahí, detrás del espejo. Eres tú quien pinta las imágenes reflejadas con la precisión de un trilero y las malas artes de un cirujano. Eres un voyeur que lee en braile, pareja de cartas del tiempo. Agudizas mis entradas, amarilleas mis dientes, me añades tiramisús que yo no he probado.
Cínico y pluriempleado. Publicista de cremas antiarrugas, escritor de dietas en dominicales, empresario de las liposucciones. Desde hoy estás en paro. Desafío a tus siete años de amenazas veladas.

Abierto toda la noche

Ayer mientras leía 'Abierto toda la noche' de David Trueba me encontré con lo siguiente: "..no olvides que las relaciones sentimentales son, en realidad, una afirmación del egocentrismo..".
Es algo que he defendido siempre, y que muchos se han empeñado en rebatir, seguramente con razón y argumentos muy válidos. De todas formas, me complace comprobar como mi supuesto cinismo es compartido por alguien más.

Papiroflexia

A mis ocho años, el sentido de la vida radicaba en entender como las dependientas de Zara eran capaces de doblar en sólo tres movimientos una camiseta. Podía pasar horas tratando de descubrir cómo lo hacían mientras mi hermana se probaba todas y cada una de las prendas de la tienda, todas las tallas, todos los colores.
Ahora que no son ocho, sino algunos más, mi estupefacción por ellas alcanza las mismas cuotas. Aunque la última vez que me enamore de una de ellas, de su máscara de pestañas, de su sonrisa profesional, de su firme aquí, acabé comprando toda la sección masculina, bueno, y la mitad de la femenina también. Quizás fue eso, lo que le indujo a pensar que un poquito travelo si que era. Y yo, sólo quería su firme aquí. Gracias.

Ellas

Son asépticas y sigilosas, son las encargadas de hacer el trabajo sucio. En la mafia de las palabras, son las que invitan a saltar con zapatitos de plomo al mar de las obligaciones.
Formas impersonales, segundas personas del plural, e imperativos. Se camuflan en frases educadas y cargadas de buenas intenciones, no eres capaz de preveer su presencia y desnucan tu sensibilidad con pasmosa facilidad.

Perjudicado

Estoy orgulloso de mi mañana, no lo voy a negar. He sido capaz de despegar las vértebras del colchón después de haber dormido un par de horas. He llegado a la ducha tras atravesar un pasillo barnizado con los excesos de la noche anterior.
Con más agua y menos legañas, he osado dirigirme al banco con la inconsciencia propia de la resaca. Veinte minutos en una cola de pensionistas, ladridos propios de los sententaypico con dentadura postiza, y una pobre mujer que a juzgar por su aspecto, debería llevar unos doce o trece meses embarazada, una barbaridad.
¿Es usted el siguiente? Miro tras de mi, porque uno nunca se acaba de hacer a la idea de que lo traten con la misma educación que a su padre pese a ejercer de hijo poco solvente.
Me siento en una silla decorada con el logotipo del banco, y me parapeto tras mis gafas de sol ojerosas. Esté usted tranquila, doña Alicia, no me voy a poner una careta de presidente americano, no pienso atracarla, no, hoy no.
Me tiende mi nueva visa con carnet joven y me recomienda divertida que lo aproveche bien, que sólo me quedan cuatro años de juventud.
Me incorporo y la estudio, calculo que a ella le deben quedar unos menos veinte años de juventud, pero decido no parecer maleducado y no se lo hago saber. Me levanto, y para mi sorpresa soy capaz de pronunciar alguna muchisílaba (término que hace referencia a las palabras de más de dos sílabas pronunciadas con más esfuerzo que acierto los días de resaca). Perfecto (tres sílabas), muchísimas (cuatro, menudo alarde) gracias.

dos pares tres euros

Debería deshacerme de estos calcetines modelo radiografia, no dejan lugar a la imaginación. Me gustaría amanecer y tener la incertidumbre de haber perdido dos dedos bajo la colcha, pero no, con estos calcetines es imposible jugar a la duda.


enfant terrible


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